Hace un tiempo llegaste a mi vida sin aviso,
entre charlas simples, risas sinceras
y momentos que parecían pequeños,
pero que el alma guardaba como eternos.
Compartimos miradas, pensamientos,
gustos y silencios cómodos.
Y un día, cuando nuestros labios se encontraron,
mi corazón tembló…
no solo por lo que sentía,
sino por lo que entendía.
Porque supe, en ese mismo instante,
que eras real para mi emoción,
pero no disponible para mi vida
como mi corazón te necesitaba.
Volvimos a encontrarnos varias veces,
y cada encuentro fue luz,
fue alegría,
fue esa mezcla hermosa
entre amistad profunda y una conexión
que rozaba el amor verdadero.
Hasta que una noche, con el alma sincera,
te dije lo que más me dolía admitir:
que con vos iba a sufrir,
no por falta de sentimiento,
sino por falta de sincronía.
Porque el amor, cuando es pleno,
necesita dos corazones disponibles
gota a gota, al mismo tiempo,
hasta rebalsar el vaso juntos.
Y entendí que vos y yo
éramos verdad,
pero en tiempos distintos.
Por eso dije adiós…
no desde el rechazo,
sino desde el amor que sabe
cuándo cuidar su propia paz.
Quizás en otra vida,
quizás en otro tiempo,
o quizás en ese lugar donde
las almas que se reconocen
vuelven a encontrarse sin distancia
ni imposibles entre medio.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario