No sé si te soñé
o si me quedé dormido imaginando
tus ojitos con ese brillo único
que parece decir más de lo que las palabras pueden.
Yo, que decía no creer en nada,
que después de tantas veces poner las manos en el fuego
y quemarme,
perdí la fe en promesas,
en discursos,
en personas.
Me vieron la cara de ingenuo,
me vaciaron el corazón
hasta que decidí cerrarlo con candado
y tirar la llave lejos.
Y entonces apareciste vos.
Sin forzar,
sin golpear la puerta,
te metiste profundo,
te llevaste mis miedos sin avisar
y volviste a encender algo
que juré no volver a sentir.
Yo, el mismo que dijo
“no vuelvo a caer en esa sensación
de estar pendiente de alguien
y olvidarme de mí”,
acá estoy otra vez…
Pensándote.
Deseándote.
Imaginando tenerte entre mis brazos
como si ahí estuviera mi calma.
Y aunque me asuste admitirlo,
le pido al universo,
por una vez,
que juegue a mi favor.
Que me demuestre
que sos diferente al resto.
Que no sos una ilusión más.
Que sos, tal como te soñé
o como te imaginé en mis noches más honestas,
única.
Y que esta vez,
por fin,
amar no sea caer…
sino quedarme para volver a sentir otra vez el amor por siempre…
