Lo que nadie dice de un amor a distancia…
es que, aunque hables todos los días,
igual extrañás como si hiciera años que no la ves.
Es despedirse a la noche
y al mismo tiempo desear que amanezca
solo para volver a hablar.
Es aprender a convivir con horarios distintos,
con silencios obligados,
con uno de los dos sacrificando el sueño
solo por compartir un rato más.
Es enamorarse del alma
antes de tocar el cuerpo,
valorar cada minuto juntos
como si fuera único,
porque sabés que después
vendrá la ausencia.
Es construir una confianza distinta,
más profunda,
cerrando los ojos
y eligiendo creer.
Porque confiar sin ver
es de las cosas más genuinas que existen.
Es llorar de repente,
besar una foto,
aferrarse a una pantalla
como si pudiera acortar la distancia.
Es estar emocionalmente siempre,
aunque físicamente no alcance,
aunque no siempre sea posible abrazarse.
Es necesitar un abrazo
y conformarse con el recuerdo
del perfume que quedó
en el último encuentro.
Es entender que la comunicación
lo es todo,
pero que el verdadero desafío
es comprenderse,
respetarse,
sostenerse.
Porque aunque los cuerpos estén lejos,
las almas… no.
Las almas caminan juntas,
se sienten,
se buscan,
se acompañan.
Y por eso,
aunque duela,
aunque cueste,
aunque no sea para cualquiera…
el amor a distancia
es uno de los más fuertes
y genuinos que existen.