Una vez una mujer me dijo:
“Te acompaño a hacer lo que tengas que hacer,
así estoy un rato con vos”.
Y en esa frase tan simple entendí algo enorme:
uno se enamora de quien está
cuando no pasa nada extraordinario.
De quien dice “voy con vos”
aunque no haya destino,
aunque el plan sea apenas
respirar el mismo aire,
sentarse, cebar unos mates
y dejar que el tiempo pase despacio.
Ese día entendí que la felicidad
no es un estallido infinito,
sino un rato compartido.
Un rato al lado de alguien,
entre risas suaves
y miradas cómplices.
Un rato con alguien que decide
que su mundo puede esperar…
pero vos no.
Ahí comprendí también
que cuando hay reciprocidad
eso es amor.
No hace falta impresionar todo el tiempo,
ni llenar cada silencio con palabras.
El amor verdadero es presencia.
Y más en estos tiempos
donde todos corren,
donde todos están ocupados,
donde casi nadie se detiene.
Porque al final,
amar es compartir el tiempo.
Y si no es eso…
entonces explicame qué es.
Porque contigo,
cuando simplemente estamos,
eso ya es amor.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario