A veces sucede… muy rara vez…
que entre dos personas nace un mundo.
Un pequeño microcosmos
donde uno encuentra refugio
cuando todo afuera parece derrumbarse.
Y yo, por suerte,
encontré ese mundo a tu lado.
Aunque al principio tuve miedo,
miedo de sentir tanto,
de abrir lo que creía cerrado,
de volver a creer.
Pero hoy lo entiendo…
fue lo más bonito que hice con ese miedo:
no huir,
sino quedarme.
Quedarme a sentir,
a descubrir,
a construir este espacio nuestro
donde todo se vuelve un poco más liviano.
Porque hay encuentros que no se explican,
se habitan…
y el nuestro,
aunque frágil y sincero,
es un lugar al que siempre quiero volver.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario