No sé exactamente por qué te escribo hoy…
tal vez porque hay cosas que nunca dije,
o porque algunas emociones
no desaparecen…
solo aprenden a quedarse en silencio.
Fuimos muchas cosas.
Risas, planes, proyectos, promesas…
y también errores,
silencios, distancias.
No todo fue perfecto,
pero tampoco fue vacío.
Y si algo tengo claro
es que hubo momentos reales,
miradas sinceras,
sentimientos que en su tiempo
fueron verdad.
A veces me pregunto
en qué momento cambiamos,
cuándo dejamos de entendernos,
cuándo empezamos a alejarnos
sin decirlo en voz alta.
Y quizás no fue un instante puntual…
quizás fueron muchas pequeñas cosas
que dejamos pasar.
No te escribo para volver,
ni para reclamarte nada.
Te escribo porque fuiste importante
y eso merece ser reconocido.
Aprendí mucho con vos.
Aprendí lo que quiero,
lo que no,
lo que soy capaz de dar
y también lo que necesito recibir.
Con vos entendí
que amar no siempre alcanza
cuando falta cuidado,
presencia,
cuando uno empieza a sentirse solo
incluso estando acompañado.
Hubo días
en los que quise quedarme
aunque ya nada fuera igual.
Y otros
en los que entendí
que soltar también
es una forma de amor.
No te guardo rencor.
Sería injusto reducir nuestra historia
solo a lo malo.
Prefiero quedarme
con todo aquello que sí fue real,
con lo que me hizo crecer,
con lo que dejó algo bueno en mí.
Hoy estoy en otro lugar…
más tranquilo,
más consciente,
más claro.
Y aunque ya no estemos,
una parte de lo que viví con vos
sigue siendo parte de mí.
No como herida…
sino como aprendizaje.
Ojalá estés bien.
De verdad.
Y si alguna vez pensás en mí,
ojalá sea con calma,
sin culpa,
sin reproches.
Solo como algo
que tuvo sentido en su momento…
y que, aunque hoy ya no sea,
alguna vez fue importante.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario