Yo no sabía que una persona podía meterse tan adentro de uno…
hasta que te conocí.
Y lo más extraño
es que aun cuando no estás,
seguís quedándote
en todas partes de mí.
En mis pensamientos,
en mis silencios,
en esas partes del alma
que no saben despedirse.
Vuelvo una y otra vez
a tu mirada,
a esa forma tan tuya de verme…
como si yo fuera importante
sin tener que demostrar nada.
Porque mucha gente mira…
pero muy pocos saben ver
como me ves vos.
Y tengo que confesarte algo:
me da rabia que la vida siga adelante
con una normalidad tan cruel,
que cambien las estaciones,
que el mundo avance,
mientras yo sigo detenido
en algún rincón del tiempo
donde todavía existimos juntos.
Daría lo que fuera
porque una tarde cualquiera,
ni siquiera perfecta,
solo simple y tranquila,
me encuentre sentado cerca tuyo,
abrazándote despacio
hasta que vuelvas a sentirte protegida.
Ojalá el cielo tuviera un teléfono escondido
para poder llamar y pedir un deseo…
que este sea nuestro momento,
que no exista distancia ni olvido,
que lo nuestro encuentre la manera
de quedarse.
Porque me hace falta tu forma de calmarme
sin decir una sola palabra,
tu mano sobre mis miedos,
tu manera de acompañarme
incluso en mis peores días.
No sé si algún día leerás esto,
o si el viento llevará mis pensamientos hasta vos…
pero necesito que sepas algo:
No acepto tu ausencia.
No quiero soltarme de tus manos.
Y el verdadero desafío
no es olvidarte…
es entender cómo llegué a quererte tanto
sin siquiera haberte besado, ni tocado,
sin haber vivido todo lo que imaginé con vos.
Porque aunque el tiempo pase lento cuando estamos juntos,
después se vuelve eterno cuando te vas.
Y aun así…
no puedo apartarte de mi mente.
Te llevo conmigo,
en ese lugar donde nadie puede tocarte,
donde nada ni nadie
va a quitarte de mí.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario