Cuando el chico que nunca fue cuidado
conoce a la chica que nunca trataron bien…
algo les cambia por dentro.
Ella se asusta de quererlo,
y él se asusta de quedarse.
Porque hay heridas viejas
que aprendieron a sobrevivir desconfiando.
Ella se queda en el borde,
con miedo a caer demasiado rápido.
Y él se aparta un poco,
con miedo a que lo vean de verdad.
Los dos tienen miedo.
Pero no ese miedo que aleja…
sino el que aparece
cuando alguien empieza a importarte demasiado.
Y aun así no pueden mirar hacia otro lado.
No saben cómo hacerlo.
Porque hay personas
que no invaden…
solo llegan
y te entienden.
Él hace que amarla parezca fácil,
tan natural como respirar.
Como si quererla no pesara.
Y ella, cuando lo mira,
lo mira de verdad.
Ve detrás de sus bromas,
de su fuerza,
de todo lo que usa para esconderse.
Lo ve.
Y entiende, casi llorando,
que quizás nadie lo quiso
tan sinceramente antes.
Al principio se empujan,
se acercan y se van.
Corazones cansados
aprendiendo a confiar.
“Vos huís, yo me escondo.
Yo tiemblo, vos te vas.
Vos me pedís, yo me asusto.
Yo vuelvo… y vos no estás.”
Pero poco a poco,
muy poco a poco,
empiezan a bajar las armas
sin hacer ruido.
Él escala sus propios muros.
Ella abre una ventana.
Y sin darse cuenta,
empiezan a sanar heridas
que ellos no causaron.
Porque a veces llega alguien
sin prometer salvarte…
pero te mira tan bonito
que empezás a perdonarte.
Y él, por primera vez,
se siente suficiente
sin tener que ser perfecto.
Y ella, al fin,
deja de sentir miedo,
porque entiende
que esta vez
amar no es un error.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario