Te busqué en mis sueños
y terminé encontrándote en la vida.
Llegaste haciendo ruido
justo donde todo en mí se escondía,
como una risa en una iglesia,
como el sol atravesando
una mañana fría.
Y desde entonces
nuestras almas empezaron a mezclarse
sin pedir permiso,
como la luna reflejada sobre el río,
como dos luces encontrándose
en medio de la aurora.
Y sé que nuestra historia será hermosa…
incluso con las heridas,
incluso con aquello que a veces duela.
Porque cuando dos personas se quieren de verdad
aprenden a convertir el dolor
en algo que también florece,
como una mariposa
naciendo de lo roto.
Yo voy a cuidar tus días
con paciencia de artesano,
despacio,
sin romper nada,
hasta encender tu sonrisa
como un verano después de tanta lluvia.
Y las promesas que hagamos
no serán cadenas ni condenas,
serán elecciones diarias,
ganas sinceras de quedarnos.
Porque no quiero un amor perfecto…
quiero uno real,
de esos que construyen un futuro
que verdaderamente
valga la pena.

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