Sin rumbo, sin destino, sin brújula,
sin un camino claro…
vacío, perturbado, bloqueado.
Algunos dirán que es un embrujo,
otros, una locura…
pero es lo que siento,
y así es como estoy.
Parado,
sin avanzar,
pensando…
o sobrepensándolo todo.
Y aun así, te quiero a mi lado.
No por capricho,
no por impulso,
no por algo pasajero…
sino porque en lo más profundo
siento que nos necesitamos.
Porque lo nuestro no fue casualidad,
fue algo intenso,
algo que no se explica fácil,
algo que simplemente pasó
y nos cambió.
Me diste otra forma de mirar,
otra forma de pensar,
me enseñaste a ver la vida
desde un lugar distinto.
Y cada vez que estamos juntos,
todo cambia…
todo se vuelve más bonito.
En lo simple,
en lo real,
en lo sincero.
Sin lujos,
sin apariencias…
pero con lo más valioso:
amor.
Gracias a vos,
mis días son distintos,
más livianos,
más verdaderos.
Y me hacés creer
que todavía puedo arriesgarme,
que todavía vale la pena buscar…
eso que todos queremos,
pero pocos se animan a vivir:
la felicidad.

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