Los ojos besan antes que la boca…
ahí nacen los anhelos y los deseos
que el corazón guarda en silencio.
Porque ningún sueño que habita en el alma
llega en vano,
y en tu mirada encontré esa paz
que no sabía que necesitaba.
No te amo porque seas perfecta,
te amo en tu imperfección,
porque conozco tus infiernos
y aun así, para mí, sos cielo.
Tu manera rara de sobrepensar todo,
tus días grises,
tus silencios profundos…
fueron, sin darte cuenta,
los colores que hicieron de mí un arcoíris.
Con vos entendí algo distinto:
que amar no es sentir mariposas desordenadas,
es sentir paz.
Una paz suave, sincera,
de esas que no se fuerzan
ni se explican.
Porque con vos no hace falta rogar,
ni demostrar,
ni convencer.
Con vos alcanza con ser…
y en ese simple “ser”,
ya somos calma,
ya somos refugio,
ya somos paz.

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