El poema más corto que conozco
es tu nombre.
El riesgo más peligroso que conozco
son las caricias de tus manos.
El juego más inocente que existe
es esta distancia
donde soñamos momentos
que se sienten posibles.
Y qué riesgo tan dulce
cruzar esa línea
y besar tus labios,
con el peligro de que las ganas
ya no quieran irse a ningún lado.
Y entonces, sin darnos cuenta,
vivir el mayor de todos los riesgos:
amarnos para siempre.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario