Claro que podés vivir sin mí,
y yo también podría vivir sin vos…
pero no quiero.
No porque dependa,
sino porque lo que somos
no se siente casual.
Somos algo mutuo,
puro y natural,
como si nuestros universos
se hubieran elegido sin ruido,
sin esfuerzo,
sin explicación.
Hay energías que se reconocen,
que se mezclan con suavidad
y encuentran equilibrio
sin necesidad de forzarlo.
Y en esa selección silenciosa,
tan simple y tan profunda,
el amor no obliga,
no empuja,
no exige.
Solo susurra:
que estar juntos
no es destino impuesto,
sino elección del alma.

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