Cuando dos almas están destinadas a estar juntas… pasan cosas que no se pueden forzar.
Primero, se encuentran en el momento exacto…
aunque no siempre sea el perfecto.
Segundo, la conexión es inmediata:
no es solo química ni atracción,
es esa sensación profunda de “te estaba esperando”.
Tercero, hay paz.
No confusión, no ansiedad,
no juegos de adivinar lo que el otro siente.
Hay claridad, coherencia,
y una tranquilidad que se siente en el pecho.
Cuarto, no tenés que achicarte para que te amen.
No competís, no fingís, no te perdés.
Esa persona no intenta cambiarte,
te potencia, te eleva,
te acerca a tu mejor versión.
Y por último…
hasta el silencio se siente lleno.
No hace falta hablar todo el tiempo,
porque la presencia alcanza,
y en ese estar… ya está todo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario