Estoy conociendo a alguien…
y no sabés lo feliz que me hace.
No llevamos tanto tiempo,
pero en lo poco que descubrí
sentí algo distinto,
algo que me dio paz.
No hablamos de promesas eternas,
ni de futuro perfecto…
y tampoco hace falta,
porque cuando hay amor de verdad,
todo lo demás sobra.
Me enamoré de su forma de expresarse,
de cómo se cuenta,
de cómo se siente…
y sí, escribe incluso mejor que yo,
pero lejos de competir,
me llena de orgullo.
Pensé que nunca iba a olvidar
a quien creía el amor de mi vida…
pero el tiempo hizo su trabajo,
y hoy su nombre
es solo un recuerdo guardado
en un libro cerrado en la estantería.
En cambio, esto es distinto…
aprendí cómo camina,
cómo siente,
cómo me sostiene
cuando me rompo.
Me enseñó que puedo caer
y aun así quedarme,
que hay amores que sanan,
que abrazan,
que no duelen.
Y aunque llegó hace poco…
siento que lo conozco de toda la vida.
¿Quién es?
Se llama…
amor propio.

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