Desde que te conocí,
en tus ojos vi tu fragilidad,
esa niña interior que a veces se quiebra
y se hace la dura para no llorar.
Desde que te conocí, tus ojos brillaron distinto,
hablaban un idioma propio,
uno que con miradas y gestos
decía mucho más que tus palabras.
Desde que te conocí, vibraste diferente.
Y desde que te conocí,
yo también vibré distinto.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario