Quiero volver a ver la sonrisa de mami,
como un amanecer cálido en el invierno.
Quiero oír los pasos de papi,
ese ritmo suave que decía “todo está bien”.
Quisiera que el aroma a jazmines del jardín
me lleve de vuelta a esos días
donde no sabía que era feliz,
porque la felicidad era simplemente estar.
Pero la vida se llevó demasiado,
y a veces siento que se llevó también partes de mí.
Me equivoqué mil veces,
y todavía me faltan batallas que perder y ganar,
porque así es este camino lleno de sombras y luces.
Cada día los extraño un poco más,
y el silencio hace eco…
un eco que duele,
pero que también me recuerda que amé,
y que fui amado.
Nadie me enseñó a ser fuerte,
pero descubrí que la fuerza nace
cuando ya no quedan opciones,
cuando el alma tiembla,
pero igual avanza.
Y aunque duela, sigo…
porque en cada paso que doy,
van conmigo.

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